Religiosos, ateos, agnósticos y otros: El marco que da el Estado laico para que todos puedan participar
El nombramiento de Judith Marín en el ministerio de la Mujer y Equidad de Género generó una dura arremetida de la izquierda, abriendo el debate en torno a la idea de "canutofobia". Sin embargo, también se suscitó una discusión sobre cómo los distintos credos pueden coexistir en un Estado laico, como el chileno.
Los cuestionamientos comenzaron a surgir desde el oficialismo, luego que se conociera que la ministra designada por el Presidente electo, José Antonio Kast, es parte de la comunidad evangélica, de posturas conservadoras y que en 2017 fue desalojada como público de la Sala del Senado mientras se discutía la ley de aborto en tres causales, a la cual ella se oponía.
Así las cosas, el diputado DC, Héctor Barría, salió a defender a la futura ministra y planteó "que a una ministra se le esté exigiendo credenciales por pertenecer a la religión evangélica, no lo comparto. Estoy en contra de lo que se denomina la 'canutofobia'".
Esta semana, voces del mundo evangélico sostuvieron que, en efecto, el concepto existe, pero que es peyorativo. "Canutofobia", es sentir a lo menos animadversión por los evangélicos que se expresa en prejuicios, y discriminación arbitraria, por pensar diferente, y lamentablemente muchos se expresan negativamente, sin conocer la realidad del mundo evangélico que es amplio y diverso", dijo ayer a Emol el Obispo Emiliano Soto, alto representante de las iglesias evangélicas.
Pero más allá de los calificativos, surgió otra arista en el debate: ¿qué marco les da un Estado laico a todos los grupos religiosos -y agnósticos- para que puedan participar?
Voces del oficialismo
Entre los parlamentarios que han abordado el tema son el diputado Vlado Mirosevic (PL) y el diputado Matías Ramírez (PC).
Ayer, el diputado Mirosevic planteó que la próxima ministra tiene una "posición fanática" respecto a la religión que profesa y que eso "no le hace buen a un Estado laico".
"Lo cierto es que lo que conocemos de ella es que es una persona que representa un fanatismo religioso, que es una cosa muy distinta a una persona que es creyente, que eso merece todo mi respeto, en un Estado laico, donde hay que tolerar todas las creencias religiosas. Lo mío no tiene que ver con su creencia o no, lo mío más bien tiene que ver con ciertas posiciones bastante extremas que le hemos conocido. Me parece que es una persona que representa un fanatismo religioso y eso no me parece que sea una buena noticia en en ningún caso", comentó a Radio Universo.
Mirosevic dijo que, "son posiciones fanáticas que no le hacen bien a un Estado laico, esa es la verdad. Y no tiene que ver con el hecho que ella sea evangélica o no, eso yo lo respeto profundamente... pero no todo el mundo evangélico ha demostrado la vehemencia y el fanatismo que ella ha demostrado", acotó.
Esta mañana, el diputado Ramírez dijo a EmolTV que "el tema de la religión para mí no debe ser ni siquiera evaluado, o sea, precisamente en Chile cualquiera puede profesar la religión que estime conveniente. Evidentemente ser un país laico no significa ser un país ateo, pero sí es importante cómo su religión pueda llegar a afectar las políticas públicas que su ministerio debe llevar adelante, y eso yo creo que puede ser la preocupación dadas las propias declaraciones que ya ha tenido en el pasado".
"(…) al menos yo descartaría que la crítica venga respecto de la religión que ella profese, sino de cómo eventualmente sus convicciones pueden afectar en este caso las políticas públicas que se han desarrollado en los últimos tiempos", precisó.
Estado laico, no "antirreligioso"
Consultado por el margen que otorga el Estado laico, el Obispo Soto comentó que, a su juicio, "todos merecemos el respeto por tener ideas en base a sus convicciones valóricas".
En ese sentido, comentó que "ha habido otras ministras que han tenido otras ideologías, y nadie las ha criticado, más bien las han dejado ser. La Sra. ministra en su momento deberá respetar lo que significa el estado laico, pero la democracia es la que regula la convivencia entre los ciudadanos de una nación".
Quien también ingresó al debate fue el cardenal y arzobispo de Santiago, Fernando Chomali, quien expresó en su cuenta de X: "Discriminar o cancelar a una persona por la fe que profesa es inaceptable".
Subrayó además la diferencia entre un Estado laico con ser antirreligioso: "es un acto de intolerancia que daña la convivencia, socava el derecho a profesar una fe y la democracia. Chile es un país laico, por cierto, pero no antireligioso. La intolerancia de los tolerantes daña".
Por su parte, el rector de la UDP, Carlos Peña, profundizó este viernes en una columna en El Mercurio en torno a las críticas hacia Marín y cómo la democracia sostiene también los distintos credos.
"Hacen mal, pues, quienes minusvaloran la participación pública o política de una persona debido a sus convicciones religiosas. Las convicciones religiosas pueden ser una poderosa fuente de sentido en una democracia y en el ámbito de la cultura, otra cosa es que las convicciones religiosas puedan ser fuente suficiente para la adopción de decisiones públicas", señaló.
Agregó que "una democracia secular y plural no expulsa ni trata con desdén las convicciones religiosas. Puede discutirlas, desde luego, pero ni las desprecia ni pretende que sus fieles enmudezcan. Respeta esas convicciones y las considera una parte de la búsqueda del sentido final que es propia de la condición humana, y piensa incluso que esa búsqueda puede ser una muy relevante fuente de sentido de una sociedad que debido al pluralismo arriesga deslizarse al relativismo concebido como una actitud nihilista".
"Lo que esa misma sociedad exige, sin embargo, es que a la hora de participar del debate público y diseñar reglas que afectan a todos es necesario esforzarse por dar razones que todos puedan aceptar y ello significa algo más que comunicar el propio credo. Este es el gravamen que, a cambio del más radical pluralismo religioso e ideológico, impone a los ciudadanos una sociedad abierta", planteó.
Estado laico y la "garantía de la libertad religiosa"
En conversación con Emol, teólogos detallan los márgenes normativos que permiten la expresión de creencias y cultos, pero además, cómo aquello se expresa, en la práctica, en la sociedad.
Juan Pablo Faúndez Allier, académico de Teología de la PUCV, sostiene que es clave tener presente "el marco constitucional chileno que genera las condiciones para manifestar creencias y cultos", como el art. 19 Nº 6: libertad de conciencia y de culto; y el art. 19 Nº 2: igualdad ante la ley (sin discriminación por religión).
"Junto a ello, los tratados internacionales de DD.HH. vigentes en Chile que regulan sobre la materia; debiendo considerarse también elementos de la Ley de culto y la Ley de no discriminación", añade.
A partir de lo primero, en el caso de nuestro país, "un Estado laico garantiza plenamente la participación de personas de cualquier credo en la vida pública y en cargos de gobierno, sin exigirles renunciar a sus convicciones religiosas. La laicidad no excluye a los creyentes del espacio público, sino que impide que el Estado adopte o imponga una religión", precisa.
En esa línea, acota que "el único límite es que, al ejercer un cargo público, las decisiones deben fundarse en el orden normativo (constitucional y legal) y en razones fundadas que tomen en consideración a toda la ciudadanía, sin discriminaciones arbitrarias, debiendo respetar los derechos de quienes no comparten esas creencias. Por eso, la pertenencia religiosa de una autoridad no es un problema en sí misma; lo relevante es cómo ejerce el poder dentro de un marco institucional neutral".
Por su parte, Joaquín Silva, académico de Teología UC, subraya que "el que el Estado sea laico es una garantía para que los distintos credos y creencias se puedan expresar en el espacio tanto privado como público. A su vez el estado laico contribuye a que un determinado credo, el que sea, no se imponga como el credo de todo el Estado/nación".
"Por último, otra dimensión a la que puede contribuir un Estado laico es a promover activamente el desarrollo de la religión y espiritualidad en la sociedad, por cuanto ellas representan una dimensión antropología y social fundamental que contribuye al bien de toda la sociedad. Estado laico es por tanto garantía del derecho humano fundamental de libertad religiosa", zanjó.

