
La Casa Central de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso fue sede del XV Congreso Familia para Todos, encuentro que en su edición 2026 abordó el papel de la familia en la transmisión de la fe y el cultivo de valores a lo largo de la vida.
La conferencia inaugural estuvo a cargo de Gabriella Gambino, subsecretaria del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida de la Santa Sede, quien se conectó de manera remota para compartir su reflexión con los asistentes.
Tras su exposición, se desarrolló un espacio de diálogo moderado por la profesora Nancy Zamorano, del Programa de Ciencias para la Familia de la PUCV. En la conversación participaron Carmen Domínguez Hidalgo, del Centro UC Familia e integrante del Comité de los Derechos del Niño de Naciones Unidas, y Luis Migone, obispo auxiliar de Santiago y encargado de la acción pastoral del conjunto de la Arquidiócesis.

El programa también contempló ponencias de académicos e investigadores, entre ellos la decana de la Facultad Eclesiástica de Teología, Loreto Moya, y los profesores Juan Pablo Faúndez y Edison Santibáñez.
Convergencia de distintas miradas
En su saludo inicial, la decana destacó la trayectoria del Congreso y el trabajo colaborativo que ha permitido su consolidación. “Alcanzar 15 años de historia es un logro extraordinario, que merece ser valorado”, sostuvo, subrayando que “esto es el fruto de un trabajo mancomunado, perseverante y fraterno entre múltiples instituciones que han creído en este proyecto a lo largo del tiempo”.
En esa línea, agregó que “ha sido la convergencia de miradas de distintas universidades, facultades, diócesis y centros, la que ha permitido sostener este espacio de reflexión rigurosa, de diálogo plural y de vocación de servicio, durante una década y media”.
Para la académica, esta experiencia también demuestra que la colaboración entre instituciones puede contribuir a abordar los desafíos que enfrentan las familias. “Cuando las instituciones unen facultades y saberes en torno a un propósito común, es posible construir espacios duraderos que iluminen a la sociedad y brinden respuestas concretas a los desafíos de los hogares de Chile”, señaló.
Asimismo, destacó la trayectoria de la Facultad Eclesiástica de Teología en esta iniciativa, a través del Programa de Ciencias para la Familia. “Somos parte de este consorcio hace ya 11 años y, por segunda vez —la primera fue en 2017—, tenemos el honor de ser sede de este Congreso y contribuir con una mirada interdisciplinaria”, indicó.
La familia como refugio
En su intervención, el obispo de Valparaíso, monseñor Jorge Vega, invitó a reflexionar sobre la familia como un espacio de protección y acogida frente a las exigencias de la vida contemporánea. Según su planteamiento, este refugio no debe entenderse como un lugar para aislarse del entorno, sino como un espacio que permite recuperar fuerzas y fortalecer los vínculos.
“Vivimos una época de cambios vertiginosos, un tiempo caracterizado por la hiperconectividad, que paradójicamente, muchas veces, nos deja sintiéndonos más aislados. La sociedad actual nos impone un ritmo frenético, y nos evalúa constantemente bajo la implacable vara del rendimiento, del éxito material, de las apariencias, y de la productividad”, indicó.
Frente a este escenario, el Gran Canciller de la PUCV destacó la importancia de los vínculos familiares como fuente de apoyo y bienestar. “Es precisamente por eso que la idea de familia como refugio cobra una fuerza vital. ¿Y qué es un refugio? No es un lugar donde escondernos, para huir del mundo, sino un espacio seguro, donde nos resguardemos para sanar, para recuperar fuerzas, y para recordar quiénes somos realmente”, expresó.
El obispo profundizó en esta idea al describir la familia como un entorno donde las personas pueden mostrarse vulnerables sin temor a ser juzgadas. “Es ese ecosistema donde se permite, finalmente, bajar la guardia. Es el territorio donde nuestra vulnerabilidad no es vista como una debilidad, sino como un tejido colectivo que nos une a los demás (…) El amor familiar, cuando se vive como un refugio, actúa como un amortiguador contra las hostilidades del exterior”, comentó.
Finalmente, monseñor Vega enfatizó que la aceptación es esencial para que la familia cumpla este papel. “Para que una familia sea un verdadero refugio, su pilar fundamental debe ser la aceptación incondicional. Eso significa algo muy profundo: ser amado no por lo que haces, ni por lo que tienes, sino simplemente porque eres”.
Por Absalon Opazo
Facultad Eclesiástica de Teología