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Dagmar Salazar Mesa, Alumni Derecho PUCV

“Equivocarse también es parte del camino”

26.06.2026

Ingresó a estudiar Derecho en 1994, precisamente el año en que la Escuela de Derecho de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso cumplía cien años de historia. Sin embargo, su camino hacia la profesión estuvo lejos de ser lineal. Antes de convertirse en una destacada defensora laboral y académica, recorrió un camino de dudas, búsquedas y decisiones que hoy recuerda como fundamentales para encontrar su verdadera vocación.

Oriunda de Antofagasta, llegó a la Región de Valparaíso para estudiar derecho, sin embargo, al cabo de un tiempo comprendió que aquella carrera no la convencía plenamente. Decidió entonces perseguir uno de sus sueños de niña: la Historia. “Ingresé a estudiar derecho a la Universidad de Valparaíso y me di cuenta de que no me gustaba. Me fui a estudiar mi sueño, la Historia. Estando ahí también me di cuenta de que no era lo mío y volví a Derecho, esta vez en la PUCV”, recuerda.

Lejos de considerar esas decisiones como errores, las valora como parte esencial de su formación personal. “Al inicio de nuestra vida académica somos muy inmaduros para tomar decisiones. Siempre existe el derecho a equivocarse y volver atrás. Dudar de la vocación es casi un derecho humano”, afirma.

Esa experiencia le permitió madurar y tomar una decisión plenamente consciente. “Amo mi carrera y me enamoré de la Escuela. Fue una decisión personal y elegida. Lo bueno de haber vivido ese ‘turismo académico’ me llevó a madurar, y eso me condujo a optar con madurez por un camino: el derecho”.

Desde joven sintió interés por las humanidades y por la protección de quienes se encuentran en situaciones de vulnerabilidad. Inicialmente, ese interés se manifestó a través de la preocupación por la protección de los animales, los que en aquella época le parecían los más vulnerables. “Con el tiempo me di cuenta de que también había personas que era importante proteger. Mi camino profesional entonces se centró en su protección”, explica.

Tras egresar, trabajó varios años en el ejercicio privado, incluyendo una etapa en el Estudio Jurídico de su profesor Marcos Magasich, sin embargo, durante su práctica profesional en la Corporación de Asistencia Judicial de Valparaíso descubrió una dimensión del Derecho que terminaría marcando toda su carrera.

“Cuando hice mi práctica me gustó asistir a las personas y me reencontré con esta idea de trabajar para quienes necesitan apoyo, cuando me titulé me ofrecieron un cargo y cada vez me fui involucrando más”.

Hoy acumula dos décadas de trabajo en la Corporación de Asistencia Judicial. Comenzó en Quilpué, siempre vinculada a materias laborales, luego trabajó en las oficinas de Valparaíso y posteriormente ingresó a la Defensoría Laboral de Valparaíso, donde lleva 17 años, como Defensora Laboral.

Desde allí representa gratuitamente a trabajadores que buscan obtener justicia frente a despidos injustificados, cobro de prestaciones, vulneración de derechos fundamentales, casos de acoso laboral, sexual, hoy reguladas por la reciente Ley Karin. “La Defensoría Laboral da patrocinio y representación gratuita a trabajadores que pierden su empleo o cuyos derechos han sido vulnerados”, explica.

La entrada en vigencia de nuevas normativas ha incrementado significativamente la demanda de atención. “Con la Ley Karin los casos han aumentado exponencialmente, lo que ha implicado una recarga laboral para la Defensoría, aproximadamente redactamos una demanda diaria, sobre diversas materias, junto con concurrir a nuestras audiencias”. La intensidad de su trabajo la lleva a comparar su labor con la de los servicios de urgencia médica. “Es como un servicio de urgencias, debemos dar respuestas rápidas y precisas a los casos, pero se trata de urgencias jurídicas”.

Al recordar su paso por la PUCV, destaca tanto la formación académica como la experiencia humana. “La Escuela me aportó rigurosidad, aunque también aprendí que esa exigencia no debe ser desmedida. Aprendí responsabilidad, para mí los plazos son plazos y se deben cumplir. Eso lo aplico tanto en mi vida profesional, como personal”.

Más allá de los conocimientos específicos, valora especialmente las herramientas que recibió durante su formación. “En asignaturas que incluso no me gustaban, los profesores me enseñaron los principios y la estructura de cada ramo. Cuando años después uno se  enfrenta a áreas jurídicas ajenas al quehacer profesional, esas herramientas siguen estando ahí. Me dieron una brújula jurídica que me ha ayudado durante toda mi vida”.

A ello suma el profundo sentido de pertenencia que encontró en la Escuela. “Cuando estudié era una escuela pequeña, las secretarias, los auxiliares, los profesores, todos te conocían. Yo estaba sola en la región y la Escuela me hizo sentir acogida”.

También destaca los lazos construidos con sus compañeros. “Aprendí a trabajar con personas muy distintas y hasta hoy mantenemos el vínculo. Más de cuarenta compañeros seguimos conectados. Mis mejores recuerdos son las relaciones humanas”.

Tras más de veinte años de ejercicio profesional, su principal consejo para quienes estudian Derecho apunta a encontrar un propósito que dé sentido al esfuerzo cotidiano: “siempre hay que buscar una pasión en la vida, y no necesariamente tiene que ser la carrera. Puede ser el deporte, el arte, la música o cualquier otra actividad o bien, puede ocurrir que la pasión esté precisamente en ejercer esta profesión”.

Asimismo, enfatiza la importancia de desarrollar resiliencia frente a los éxitos y fracasos que inevitablemente acompañan la vida profesional. “El Derecho es una profesión que continuamente nos pone a prueba. Hay que olvidar rápidamente los triunfos y las derrotas por salud mental, y seguir adelante”, explica.

Finalmente, recuerda con especial gratitud a quienes marcaron su formación universitaria: “siempre llevaré en mi corazón a los profesores Germán Luhrs, Luis Rodríguez y Marcos Magasich. Me aportaron muchísimo en lo académico y en lo personal. También recuerdo con mucho cariño a José Luis Guerrero, quien era muy joven cuando nos hizo clases por lo que fue muy cercano y todo mi curso le tiene un enorme afecto, y al profesor Eduardo Aldunate de la misma época”.

Facultad y Escuela de Derecho PUCV