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28 de octubre, 2026

Benjamín Campos: “Creo que la educación y el arte están de la mano y no debería cambiar”

Benjamín Campos cursa segundo año de Pedagogía en Música en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), una carrera que no estaba entre sus planes al terminar la enseñanza media. Su decisión comenzó a tomar forma durante el programa Propedéutico, cuando una actividad lo llevó a descubrir una vocación que hasta entonces no se había planteado.

El desafío consistía en preparar una clase de quince minutos para sus compañeros. Aunque su interés inicial estaba en Pedagogía en Educación Física, decidió abordar un tema que conocía de cerca: la música. La experiencia lo sorprendió incluso a él mismo. “Cuando estaba explicando el proceso musical me emocioné y ahí noté que era lo mío”, recuerda.

Sin embargo, acercarse a la música como una posibilidad de desarrollo profesional no fue inmediato. Aunque siempre había estado presente en su entorno, durante su infancia un profesor le hizo creer que no tenía las condiciones necesarias para dedicarse a ella, debido al tamaño de sus manos y a sus dificultades de atención y motricidad fina.

“Dije que no porque no era bueno”, recuerda sobre aquella experiencia, que vivió a los seis años. Tiempo después, al cambiarse al colegio Juanita Fernández, de Viña del Mar, encontró a un docente que confió en sus capacidades y contribuyó a que su relación con la música comenzara a cambiar.

Durante la pandemia, su abuelo le propuso comprar una guitarra utilizando parte del retiro del 10% de sus fondos previsionales, motivado por el interés que Benjamín siempre había mostrado por la música. Lo que partió con algunos punteos fue avanzando, con el apoyo de su profesor, hacia el aprendizaje de acordes y nuevas formas de expresión.

“Siempre estaba preguntando y eso me ayudó a buscar mi propia información y con el tiempo empecé a descubrir cómo me gustaba la música, cómo me hacía sentir”.

Conectando desde el canto

En primer año Benjamín debió cursar clases de Coro, las cuales comenzó sin mucha motivación, ya que no sentía que cantaba bien y sentía vergüenza al entonar las canciones. Sin embargo, durante el semestre descubrió su conexión con el canto y actualmente es parte del Coro de la universidad. 

“Me gusta el Coro porque tiene un imán para mí muy difícil de explicar. Cuando uno canta solo se siente bonito pero cuando uno canta con más gente este canto te cambia; uno vibra y esta vibración se comparte. Sentir esa fuerza, apoyarse en la voz de la otra persona te da una sensación muy bonita”.

Esta experiencia le ha llevado a presentarse en Quilpué, Valparaíso y Viña del Mar, donde ha compartido su voz en espacios culturales abiertos a la comunidad. 

“Yo creo que el Coro ha sido un descanso porque, si bien es esfuerzo y hay que estudiar, me relaja”.

De esta forma, Benjamín ha logrado consolidar una trayectoria marcada por la pasión por la música y el anhelo de transformar vidas desde el aula, replicando su experiencia como estudiante dando más herramientas para las futuras generaciones. 

“Mi meta como profesor es que los niños puedan conocerse a sí mismos y expresarlo, y quizás más de alguno sea músico, o pueda conocer una vida que no conoce. Está la vulnerabilidad, niños que no tienen muchas salidas, y aunque uno no lo crea, la música da una salida, saca a niños de la calle y son cosas que aportan a la sociedad y no me gustaría que desapareciera. Creo que la educación y el arte están de la mano y no debería cambiar”, concluye Benjamín.