“La Pontificia UCV es mi alma mater”

Carlos Camus, Obispo (E) radicado hace 26 años en Linares recuerda con cariño su época de estudiante y agradece a la universidad su amor incondicional por Dios.

EMÉRITO.- El sacerdote Carlos Camus recuerda su paso por la UCV como el inicio de su servicio a Dios.

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"Respecto a la Ley de Divorcio, a mí no me preocupa la ley sino la realidad, porque el divorcio ya se ha instalado en Chile con el nombre de nulidad, separación, etc. Lo triste es el fracaso de un proyecto de amor, eso es lo trágico”.

 

"En relación al actual momento de la Iglesia Católica, nuestro Señor Jesucristo dijo que iba a ser 'zarandeado', entonces no es una novedad la existencia de problemas. Hubo un momento en que los curas aparecían como líderes sociales, pero hoy estamos crucificados. Por la caída de uno o dos nos llega el palo a todos”.

 

Carlos Camus Larenas (76 años) estudió Ingeniería Química en la Pontificia UCV, pero apenas egresó optó por el Seminario Católico de Santiago. El llamado divino fue más fuerte que la vocación profesional, llevándolo por un largo camino de ayuda y amor por el prójimo.

El prelado nace en 1927 en Valparaíso -hijo de Carlos Camus Gómez, agente del Banco del Estado y de Isaura Larenas, dueña de casa- y es el segundo de 11 hermanos. Siendo un niño vive en Valparaíso, Antofagasta y Melipilla, y estudia en la Escuela Parroquial de Los Padres Capuchinos de Recreo y los Padres Franceses de Valparaíso.

“Toda mi infancia la pasé en colegios Católicos y toda mi enseñanza media en el Colegio Padres franceses de Valparaíso, donde fui un buen alumno, no el mejor pero estaba entre los cuatro mejores”, recuerda.

Tras su etapa colegial, el año 1944 ingresó a la UCV, donde estudió seis años Ingeniería Química.

 

- ¿Qué recuerda de su paso por la universidad?

“A mis compañeros de curso, ya que todos éramos muy amigos. Cómo olvidar a Tomás Mussio, Flavio Traversa, Eduardo Chacón, Germán le Friends y tantos otros. Recuerdo que empezamos muchos, pero al segundo año había espacio sólo para catorce, porque no había laboratorios para todos”.

 

- ¿Era duro estudiar en esa época?

“El sistema de selección era muy duro, teníamos una prueba de Matemáticas todos los días e íbamos sacando promedios. Así que a los pocos meses sabíamos quien pasaba y quien no”.

 

- ¿Algún profesor en especial?

“El famoso era el “loro” Cortázar. Era muy bueno, simpático e inteligente. Hacía clases en cualquier parte, nos arrancábamos a la avenida Perú y allá iba a hacernos clases. Era muy ingenioso y chispeante. Nos impresionaba porque nos ponía problemas y los resolvía con una velocidad increíble, además, era un profesor amigo”.

 

¿Participó de la vida universitaria?

“Fui dirigente de la barra oficial, presidente de la FEUC el año ’49. Entré en casi todas las actividades sociales y académicas. También fui bien pololo y participé de muchas fiestas”.

 

- ¿Qué le dejó la UCV?

“Mucho, no puedo dejar de mencionar el compañerismo. Lo pasamos muy bien, ya que en Ingeniería Química éramos unos cien, con un ambiente muy unido. Hacíamos mucho deporte y con Arquitectura competíamos en básquetbol. Había una mística especial por la carrera, incluso, teníamos cánticos propios”.

 

EL LLAMADO DIVINO

 

Carlos Camus desde su formación familiar y época escolar se había sentido muy apegado al Catolicismo. Sin embargo, en nuestra casa de estudios definió su camino y filosofía de vida.

 

- ¿Cuándo sintió el llamado del sacerdocio?

“Creo que de a poco se fue desarrollando en la Acción Católica Universitaria. Yo tenía la base cristiana, mi padre era un hombre muy cristiano, de oración diaria. Creo que eso influyó mucho en mí. También los Padres Franceses me invitaron a participar de su congregación. Pero en la UCV, el trabajo como dirigente universitario influyó para que ingresara a la Acción Católica. Ahí desarrollé la vocación apostólica primero, y después fui descubriendo lo que era el sacerdocio”.

 

- Posteriormente ingresó al Seminario

“Con 23 años de edad. Fueron ocho años de estudio en la Pontificia Universidad Católica de Santiago. Estábamos prácticamente un mes adentro y salíamos un día. Teníamos tiempo para estudiar a fondo, empezábamos cinco para las seis de la mañana y terminábamos a las 10:30 de la noche. Se estudiaba duro, pero fue un tiempo muy lindo, con grandes amigos de Chile, Perú, Venezuela y Bolivia. La vida era muy intensa y hacíamos mucho deporte al interior”.

 

EL RETORNO A VALPARAÍSO

 

El año 1957, ya ungido como sacerdote, vuelve a la diócesis de Valparaíso. En ese momento Carlos Camus casi gana una beca de estudio a Bélgica, pero debido a la enfermedad de algunos clérigos, el obispo Rafael Lira no le dio el permiso requerido.

 

- Ahí comienza su carrera de servicio a Dios

“Empecé en Peñablanca, con Carlos Cita, un párroco ejemplar, donde aprendí muchas cosas prácticas. Estuve poco tiempo porque al año siguiente se murió el obispo Lira. Llegó Raúl Silva Henríquez, que posteriormente fue Cardenal, y me llevó a Valparaíso a trabajar en la Acción Católica Obrera y Campesina. A los pocos años Emilio Tagle me mandó al Seminario de Santiago como Prefecto de Disciplina (inspector)”.

 

- ¿Le sirvió ser académico del Seminario?

“La vuelta me sirvió mucho porque pude profundizar lo que había vivido. Estuve tres años más y volví a Valparaíso. Ahí me tocó parchar donde hubiera un cura enfermo. Después de deambular terminé en La Matriz, donde quería quedarme, pero en 1967 el Obispo Tagle me nombró Vicario de Valparaíso.

 

- Pero tuvo que partir a Copiapó y a Santiago

“En 1968 el Nuncio me comunica que estoy nombrado Obispo de Copiapó, donde estuve seis años. Después los Obispos me nombraron Secretario General de la Iglesia Católica y volví a Santiago para el golpe de Estado. Estuve tres años y después partí a Linares, donde llevo 26 años ininterrumpidos trabajando, hasta que jubilé el 14 de enero de este año, por cumplir los 75 años de edad”.

 

- Supongo, que ha valido la pena la entrega a Dios

“Absolutamente y lo agradezco toda la vida. Para mí ha sido una plenitud, no solamente en la parte espiritual, sino en lo humano. El sacerdocio es una profesión, vocación y servicio tan amplio, tan rico, de tanta experiencia humana, que realmente soy feliz. He sufrido, he puesto la cara en muchos problemas. Durante el régimen militar fue duro, estaba en la punta de choque, y me tocaron muchos casos de Detenidos Desaparecidos”.

 

-Desde la distancia física pero no espiritual, ¿qué siente por los 75 años de vida de la UCV?

“Estuve presente para la celebración y para el cumpleaños de la Escuela de Ingeniería Química. Siempre estaré conectado con la universidad porque es mi alma mater”.

 

- ¿Qué deseos tiene para la universidad?

“Los mejores. Siempre he dicho que la Católica tiene un peso enorme, tanto en la parte espiritual como por su calidad académica. Tengo mucho orgullo de mi universidad, además por el hecho de estar en el corazón de Valparaíso posee un sentimiento de pertenencia con la ciudad y toda la región”.

 

¿Qué hay en el horizonte?

- “Estoy jubilado, así que sólo me dedico a apostolados personales, me invitan a retiros, conferencias y a entregar mi experiencia a los sacerdotes jóvenes. También atiendo los problemas personales de la gente. Pero hay algo que siempre haré, ir a Valparaíso”.

 

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