 Sentado en su escritorio, el mítico Padre Pepo, lleva 11 años dirigiendo la Parroquia de La Matriz, con la misma vocación de servicio por el prójimo que lo ha caracterizado siempre. |
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Hablar del Padre Pepo (72) es hablar de trabajo y compromiso. Al punto que se pasa la vida en la calle conociendo el quehacer de los más desposeídos y cuando se le pregunta dónde vive responde simplemente que lo ignora. Nacido, el 1 de marzo de 1930, y criado en Viña del Mar estudió en el Colegio Inglés Hyslop’s School for Boys and Girls desde el año 1936 hasta 1940 y pasó luego a los Sagrados Corazones de Viña, donde egresó el ’46. “Desde chico me decían Pepo, mucho antes de Condorito. Fui un buen alumno, estaba entre los tres primeros del curso, además practiqué atletismo y era bueno para las fiestas también”, confiesa. Su entrada, el año ’47, a Ingeniería Química de la UCV le cambió la vida. Ahí participó en la Acción Católica Universitaria, en la Federación de Estudiantes y en todo lo que involucra la vida universitaria. “Tuve buenos amigos como el ‘tilín’ Alberti, Heriberto Nistelhaim, el ‘milico’ Jofré y recuerdo a algunos ‘profes’ como el Lucho Cortázar, que nos hacía Matemáticas, Exequiel Briceño, de Química, el ‘ruso’ y René zapata de Laboratorio y Roberto Serra”. De este modo, el participar de la Acción Católica lo marcó para siempre, debido a que el ambiente de la época significaba un espacio comunitario muy especial, de servicio y de compromiso con el evangelio: “Si hasta el mismo padre Hurtado nos predicó en retiros... todo eso creo que fue el caldo de cultivo de mi vocación”. Cuando egresó de Ingeniero Químico, el año ’52, ingresó al Seminario, pero continuó estudiando por tres años Filosofía y luego otros cinco de Teología, en la Pontificia Universidad Católica de Santiago. Posteriormente estudia Electrónica y recibe la orden de sacerdote el ’60, a manos del entonces obispo Raúl Silva Henríquez. “Luego me mandaron a la UCV a hacer clases de Teología, no tenía parroquia, porque estaba dedicado sólo a la Universidad, tanto así que el ’68 agregué el trabajo con el Movimiento Familiar Cristiano. Definitivamente, mi centro era la universidad”. - ¿Cómo era la juventud de ese entonces? - “Todos éramos rebeldes cuando yo era alumno y seguí siendo rebelde como profesor, al punto que me echaron de la universidad, sin sueldo ni nada, bajo apercibimiento de arresto si volvía a entrar. Eran tiempos de dictadura... luego estuve preso”. - ¿Dónde y por qué ? - “En la Academia de Guerra. La primera vez una semana, después vinieron otros encierros. La razón no la sé, yo enseñaba el Evangelio y éste es revolucionario, es decir, no está de acuerdo con el stato quo o el orden establecido y menos con una dictadura”. - ¿Qué hizo luego? - “Trabajé en Valparaíso en el tema de los Derechos Humanos, desde lo que se llamaba en ese entonces Comité por la Paz en Chile. Yo me hice cargo de la rama que financiaba fuentes de trabajo para gente cesante por motivos políticos. Para sobrevivir, porque tenía que comer, armamos un taller de reparaciones de electrodomésticos con gente cesante, en Agua Santa”. - ¿Era eso una forma de trabajar en Derechos Humanos? - “Sí, porque era una forma de servir a los que estaban siendo expulsados de sus trabajos o que tenían familiares presos. Ese taller duró como veinte años y no tenía nombre, aunque le decían El taller del Pepo”. - Usted trabajó en paralelo en el FASIC... - “Claro, porque se acabó el Comité por la Paz y el Cardenal Silva Henríquez organizó la Vicaría de la Solidaridad en Santiago y en Valparaíso los militares no aceptaron una. Lo que había era un organismo de las Iglesias Evangélicas-Cristianas llamado Fundación de Acción Social de las Iglesias Cristianas (FASIC) y allí yo iba a colaborar todos los días en tareas de Derechos Humanos con la gente que llegaba buscando parientes y que sufría mucho”. - Su vida debió ser muy dura en ese entonces... - “Era muy dura, pero llena de sentidos y significados. Ahí me hice muy amigo de varios pastores y pastoras con los que trabajamos juntos, ni nos preguntábamos quién tenía la razón religiosa, porque no había tiempo para eso. Fue una experiencia muy buena, de tipo ecuménica”. - ¿Dónde lo llevó ese trabajo? - “Me contactó con el mundo de los perseguidos, el mundo de la injusticia, pero también me contactó con el mundo cultural”. Sacerdote encubierto Por su manera de ser y su tendencia política, el Padre Pepo, debió realizar algunos trabajos sin revelar su oficio de sacerdote durante los años del régimen militar. En una oportunidad llegó gente al taller de Agua Santa solicitando una instalación eléctrica en una barrio de Viña del Mar alto. “Les habían pasado el dato que existía este taller,que era honrado y con buenos precios”, recuerda el Padre. - Usted era el que tenía permiso de servicio eléctrico - “Exacto. Me pasaron todos los datos y me pidieron un presupuesto. Yo pedí seis muchachos sin pega, de la población, para que me ayudaran a hacer la instalación y los materiales necesarios. No cobré en dinero y el trabajo duró aproximadamente tres meses”. - ¿Cómo lo trataban? - “Yo era el Pepo, porque nadie sabía que yo era cura. Fue una experiencia maravillosa, tuvimos un contacto muy horizontal con toda la gente. - Pero, lo descubrieron... - “Un día lunes estaba esperándome la directiva de la población. Yo pensé al tiro que me habían pillado que no tenía permisos municipales para hacer la instalación, pero fue muy cómico porque estaban muy enojados y uno me dijo: oye Gutiérrez, ¿tú soy cura?. Ante mi respuesta positiva, me explicó que uno de los jóvenes, apodado el canario, me había visto haciendo misa”. - ¿Qué pasó? - “Me preguntaron por qué no se los había dicho y les respondí que ellos me habían contratado para hacer una instalación eléctrica. Estaban enojados porque nos habíamos huevoneado mucho. Yo les respondí que siguiéramos huevoneándonos igual pero que me dejaran trabajar porque yo quería terminar el trabajo. De ahí nos hicimos muy amigos y todos querían bautizar a las guaguas, todos querían casarse. Me salió pega extra”. - Y ¿dónde hacía misa? - “En cualquier parte, no tenía un lugar estable. Algunas veces me convidaban a hacer misa en alguna parroquia que el cura no podía, pero muy vinculadas con el mundo popular sobre todo”. Su llegada a la Iglesia La Matriz Tras varios años de trabajo con la gente de este sector, tiempo durante el cual puso en funcionamiento un comedor, un sacerdote amigo y párroco de Achupallas, que había estado preso en la corbeta Esmeralda, le solicitó que hiciera misa en la villa Independencia. “Lo reemplacé y con el tiempo me fui quedando hasta que el nuevo obispo de Valparaíso, Borja Valenzuela, porque había muerto Emilio Tagle, me pidió que fuera párroco de La Matriz en el año ‘91”. - Pero, usted no quería... - “Yo no quería, yo nunca había sido párroco, por toda la cosa administrativa que es un desastre. Ahora, desgraciadamente las cuentas están a mi nombre, tengo que firmar los cheques y además somos Monumento Nacional, por lo que hay que ir a la Intendencia, a la Municipalidad. Además, administrar esta casona que hace de oficina”. - Sin embargo, aceptó - “Yo le dije al obispo que me venía a trabajar pero no de párroco, que yo quería estar con la gente y no en una oficina. Me dijo que a él nadie lo había enseñado a ser obispo, por lo que le dije que sería párroco, pero no creas que me gusta." - ¿Cómo se financia esta casona de tres pisos, las cuentas, los demás departamentos parroquiales, la secretaría y el templo? - “Nunca lo he sabido porque nunca lo he preparado. Te puedo decir que tenemos un comedor, en la calle Matriz 421, para indigentes que es mucho más que eso, porque vienen a comer todos los días 250 personas que duermen en las calles y los domingos toman desayuno y almuerzan 300 o 350. Nunca ha faltado para darles de comer”. - ¿Milagro? - “La razón está en que éste es un centro donde se comparten soledades, se comparten vidas; es un espacio donde estas personas sienten que importan, porque la vida de ellos es literalmente desechable”. - ¿Qué de diferente tiene esta iglesia? - “Se ha abierto al mundo que la rodea, porque yo podría haber seguido en una oficina haciendo catecismo y jactándome que a la misa viene gente, pero yo jugué la apuesta a la gente de afuera. Cuando asumí, a los dos días hubo un funeral, se había muerto la Rosita, una prostituta de la calle Bustamante, lanzada por la ventana por un tripulante, que no funcionó con ella y pidió otra. Luego éste se embarcó y la Rosita es hoy una animita. O sea, la vida es desechable para mucha gente. Don Isaías murió en un container de la basura, porque hacía frío en la noche y se fue a dormir ahí, al otro día llegó el camión municipal, levantó el container, lo dio vuelta sobre el camión y don Isaías pasó por la trituradora... entonces, la vida es desechable”. - Su labor se abrió a un mundo especial - “Nos abrimos al mundo de la prostitución, al mundo de las parejas que no se pueden casar por la iglesia porque han tenido matrimonios anteriores, al mundo de los travestis, a ese mundo que normalmente no viene a nuestras iglesias, pero que desde el evangelio son los preferidos de Dios”. -¿Cómo evalúa su vida hasta ahora? - “Estoy feliz y muy satisfecho”. -¿Qué más le queda por hacer Padre? - “Yo tengo unas utopías, unos anhelos, unos sueños, que Jesús también los tuvo. Mi utopía es que todos los seres humanos puedan tener acceso a los bienes que Dios hizo para todos, y que hoy están en unas pocas manos que están demasiado llenas a costa de muchas manos que están muy mal”. Su visión de la realidad Como buen párroco contestatario, abierto a los cambios que ocurren en nuestro mundo, el Padre Pepo, tiene un juicio preciso respecto a determinados temas que son parte de la opinión pública. - ¿Qué relación posee la Iglesia Católica con otras Iglesias?, ahora que existe la Ley de Culto. - “Está mejorando mucho. En agosto, en la Catedral, tuvimos una celebración, para terminar el mes de la solidaridad, con 15 pastores y pastoras, es decir, la catedral llena de sus feligreses y los míos. Eso no se había visto nunca en la historia de Valparaíso. Por esto, te digo que es un desafío importante y una buena señal”. - ¿Por qué le cuesta tanto a la Iglesia Católica asumir los cambios del mundo? - “No sé, creo que depende de las circunstancias en que uno vive”. - ¿Qué opina del divorcio y la píldora del día después? - “El problema no es la ley de divorcio, sino de quién se casa. El problema es si voy a poder llevarle de comer a los niños, es saber dónde voy a dormir. Lo fundamental nos hace olvidar o postergar lo que para muchos es vital, ya que la moral sexual es más importante que la píldora del día de antes o después”. - ¿Qué significa que haya, en Chile y el mundo, sacerdotes católicos pedófilos? - “Por supuesto que no estoy de acuerdo con eso, por el daño que les hacen a los niños, pero creo que hay problemas más graves en la Iglesia y fuera de ella. Que se vean iglesias ricas es mucho más generalizado, es legal, pero qué significa en una iglesia que nació entre pescadores, que tuvo un maestro que no tenía dónde reclinar la cabeza y que se identificaba con los más pobres del mundo. Creo que hay cosas que gravitan más en el evangelio y en la vida”. - Pero, ¿qué opina sobre el tema? - “Ojalá no hubiera curas que se acostaran con niños, pero tampoco es monopolio de los curas”. - Hablando de riqueza, ¿Qué representa que el Vaticano es uno de los estados más ricos del mundo, acaso el evangelio no debe alejarse del dinero y el poder? - “A nivel de documentos estamos muy bien, la Iglesia ha hecho una opción preferencial por los pobres, a nivel de práctica no sé si tanto. Ahora, una institución que puede hacer una opción por los pobres significa que no es pobre, porque éstos no hacen opción por los ricos. Significa que la Iglesia es santa porque Cristo es santo, pero es pecadora porque los hombres somos pecadores y Cristo quiso hacer una iglesia con seres humanos”. - ¿Cuál es el peor pecado en que incurre la Iglesia Católica? - “No ser coherente con el evangelio, pero lo maravilloso es que Dios nos tolera así y yo no soy mejor ni peor que otros curas, sé que tengo muchas debilidades y defectos, pero Dios me eligió así”. - ¿Qué opina del Cardenal Medina? - “Es amigo mío, estuvimos juntos en el Seminario, lo que no significa que no tengamos puntos de vista muy distintos. Pero tiene una cosa muy importante, que yo sé con él a qué atenerme, lo que no es frecuente en mucha gente”. - Pero, ¿siempre fue tan testarudo? - “Siempre y, a veces, más”. - ¿Lo ve como un papable? - “No creo ahora que le aceptaron la renuncia, pero en cuanto a su candidatura no sé si va o no, porque el Vaticano es un mundo súper estructural y yo no conozco de ese mundo, sólo de mi entorno. Yo soy como los volantines, suben mirando para el cielo, pero si no están con los pies en la tierra se van cortados”. El Padre Pepo es un cura atípico. Franco, directo, rebelde, sereno, de mirada profunda y muy bromista. Un hombre muy ocupado, con la cabeza más pendiente de los vivos y pecadores, que por los que buscan el camino de la santidad. Un ex alumno de nuestra casa de estudios que, una tarde cualquiera, y en medio de su trabajo, se dio el tiempo para abrirnos su corazón y entregarnos un pedazo de su agitada vida. Otras entrevistas: Agustín Alberti, El hombre que cambió todo por la música Alberto Eggeling Potts, Encuentro con un campeón |