El hombre que cambió todo por la música

Para algunos, el cambiar un trabajo seguro y bien pagado en el Banco Mundial de Washington, con beneficios múltiples y prestigio internacional, por la arriesgada carrera de músico y compositor en nuestro país, puede parecer una locura, pero no para Agustín Alberti Solera (73).

En la tranquilidad de su estudio, sentado al piano, Agustín Alberti elabora lo que le sale del alma: la música docta contemporánea.

Hijo de inmigrantes italianos, Angelo Alberti y Katherina Solera, Agustín nació y creció en Viña del Mar, hablando por igual el dialecto genovés y el castellano. “Mi infancia y mi juventud fueron muy felices en Viña con una familia muy grande y unida”, recuerda. Posteriormente, estudió en la Scuola Italiana tres años, donde adelantó un par de cursos para irse luego al antiguo Liceo de Hombres de Viña del Mar, actual Guillermo Rivera.

 

Tras el bachillerato ingresa a estudiar Ingeniería Civil Química en la Universidad Católica de Valparaíso, en 1946, donde tuvo un desempeño más que meritorio, obteniendo un promedio general superior a la nota seis. “Tengo que ser claro y decir que fui buen alumno, siempre me gustó estudiar en la Católica. Incluso, una vez tenía promedio seis en Historia y solicité tomar el examen, pese a estar eximido, al profesor Juan Montedónico, obteniendo el siete deseado. Estudié harto, además de Historia, la Física, la Química y las Matemáticas”.

 

En la UCV trabó amistad con múltiples compañeros como Pepo Gutiérrez, el popular Padre Pepo de la Iglesia de La Matriz en Valparaíso, y practicó el fútbol, donde llegó a ser capitán del equipo universitario. Además jugó básquetbol, realizó salto triple y carrera de 200 metros planos. Sin embargo, la costumbre de practicar deportes competitivamente, quedó a un lado debido al estudio. Por otra parte, fue presidente del Centro de Estudiantes de Ingeniería Química y presidente de la Federación de Estudiantes en un época muy especial, debido a que los alumnos habían logrado cambiar al rector, correspondiéndole a Alberti restablecer las relaciones con el nuevo rector Jorge González y la formación de la Confederación Nacional de Estudiantes Universitarios.

 

Cambio de vida

 

Debido a la irregular situación económica de su hogar, su padre era comerciante, a Alberti le cambió la vida el titularse en 1953 de Ingeniero Químico: “La situación de mi familia no era muy buena, mi papá ganaba lo suficiente para mantenernos, pero a nivel modesto. Cuando murió, yo tenía 14 años y un hermano mantuvo la familia, pagando mis estudios, a los que yo colaboré siendo buen alumno y haciendo clases de Química en el Seminario San Rafael y clases particulares de Matemáticas y Física. También trabajaba de obrero en al Cervecería Limache en los veranos, mientras preparaba mi memoria”.

 

No obstante, tras la graduación ingresó a la Compañía de Cervecerías Unidas, siendo trasladado a Providencia desde el año 1953 hasta 1955, pero no pudo acostumbrarse. “La asignación de trabajo que me tenían era rutinaria y yo tengo problemas con las cosas rutinarias, me distraigo y no me gusta, sencillamente no sirvo para eso”.

 

- Ahí cambia radicalmente su vida

- “Claro. Me presenté a un concurso que gané en el Servicio de Operación Técnica donde nos hicieron cursos de Ingeniería Industrial con profesores de la Universidad de Pittsburg. Posteriormente, en el ‘59 me dieron una beca en la Harvard Business School, para profesores universitarios, cuando hacía clases de Organización Industrial en la escuela de Ingeniería Química. Estuve seis meses estudiando administración de empresas, cuando los post grados no existían, lo que me hizo muy bien en lo personal”.

 

- Al regresar, ¿su conocimiento fue bien valorado?

- “Cuando volví de Harvard, era presidente de la República Jorge Alessandri y algunos empresarios como Carlos Cerpa notaron que era necesario establecer un sistema de formación profesional y me llamaron desde el Servicio de Operación Técnica de la CORFO, creo que por mi imaginación”.

 

- ¿Qué resultó de aquello?

- “Comenzamos a armar, junto con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), lo que es hoy el Inacap”.

 

- Pero, ¿debió convencerlos primero?

- “La OIT me contrató y me llevó a Ginebra dos años. Cuando salió electo Presidente Eduardo Frei padre, me vine a colaborar y retomé la formación profesional escribiendo el proyecto del Inacap, convenciendo a Juan Gómez Millas, Raúl Sáez y otra gente de la CORFO y se fundó el Inacap, del que fui presidente por muchos años”.

 

- La idea inicial era distinta a la actual

- “El Inacap fue la primera institución que realizó cursos técnicos con buen equipamiento y financiamiento, dados por el Ministerio de Hacienda, para la capacitación y nivelación educacional de trabajadores. Todo en forma gratuita”.

 

- Pero, usted era pieza importante en Ginebra...

- “Tanto que volví a la OIT en Ginebra y luego me nombraron Consejero Regional en Lima, donde estuve varios años cubriendo toda América latina, desarrollando proyectos. Era un cargo intenso”.

 

- Luego aparece el Banco Mundial

- “Como había realizado algunos trabajos en común con el Banco Mundial, éste me hizo una oferta-concurso, que gané y me nombraron especialista en formación profesional y educación técnica en Washington. Ahí logré negociar con el Banco Interamericano, con los gobiernos de Francia, Alemania, Dinamarca, Suiza, Bélgica, Italia, etc., montando una red de centros de formación profesional desde Arica hasta Punta Arenas en Chile, con soluciones imaginativas como la nivelación de los profesores de enseñanza técnica, la nivelación universitaria, promociones para los trabajadores, etc.”

 

Música, la pasión de su vida

 

Después de trabajar cerca de dos décadas en el Banco Mundial, tiempo durante el cual viaja por los cinco continentes, conociendo más de cien países, entre los que se contabilizan Somalia, Etiopía, Brasil, Mozambique, la India, Nepal, entre otros, y aprendiendo idiomas variados como italiano, inglés, francés, portugués, además de genovés y español; Alberti exterioriza su verdadera vocación: la música. De este modo, junto a sus cuatro hijos abandona la vida de trotamundo, y regresa a Chile en 1990, a su querida Viña del Mar.

 

- ¿Por qué dejar un buen trabajo para estudiar música cerca de los sesenta años?

“Por que desde niño supe que era lo que más me gustaba, por eso desde que logré la jubilación anticipada a los 58 años (1987), al otro día me puse a estudiar composición. Quería volver a Chile y estudiar música, estaba cansado de viajar por el mundo”.

 

- ¿Cuándo se manifiesta la pasión musical?

- “La parte musical no empieza ahí, sino que antes. A mí la música me gustó desde niño, ya que en una familia italiana la música es parte de la vida. Cuando tenía 25 años me puse a estudiar flauta porque yo tenía un gran amigo de La Serena, Jorge Peñafiel, que lamentablemente fue fusilado por la Caravana de la Muerte, él me dijo un día que yo debía vivir la música por dentro y no sólo escuchando radio o asistiendo a conciertos”.

 

- ¿Qué instrumento le recomendó?

- “A mí me gustaba el oboe y la flauta, él me recomendó estudiar flauta, pero como soy porfiado a los 58 años me puse a estudiar oboe. De ahí me dediqué a la profesión de músico y a criar cuatro hijos a los que les gustó la música por igual, afortunadamente. La verdad es que ya no daba más y sentía que tenía posibilidades de componer”.

 

- ¿Es la música su verdadera pasión?

- “Es la gran pasión de mi vida, si yo volviera a nacer, cosa que no va a pasar, estudiaría Música, Física y Matemáticas”.

 

- ¿Por qué?

- “La música es lo más puro que hay, es la creación total, tiene un código que usted inventa, aunque yo me rijo por lo básico que ya está, esto es, las notas musicales”.

 

- ¿Para trascender en la historia?

- “No pretendo pasar a la historia por mi música, a lo más me van a recordar como una persona muy trabajadora y que no ha perdido el tiempo”.

 

- ¿Quién fue su profesor?

- “Cuando vuelvo a Viña, por los ‘90, estudio música particularmente con el maestro Boris Alvarado, que ahora está en Polonia, y empiezo a componer al mismo tiempo”.

 

- ¿Qué tipo de música está haciendo?

- “Música docta contemporánea. Hay que gente que no le gusta el nombre pero es contemporánea porque se está escribiendo ahora y no copia el pasado, aunque es la continuación de la música clásica romántica del siglo XX. Es elaborada, no comercial, intelectual, requiere trabajo, información y escuchar a todos los autores. Creo que representa la realidad de hoy mejor que la música clásica. Para esto he tratado de conocer muchos estilos y componer para muchos instrumentos”.

 

- ¿Posee algún método de trabajo?

- “La inspiración es indispensable pero luego viene el trabajo. Los que han estudiado música dicen que el trabajo es diez veces más que la inspiración. En un comienzo era desordenado y aprendí a desarrollar los temas piano piano, para clarinete, oboe, flauta, piano, combinaciones de ellos, para cuartetos, quintetos, sextetos, orquestas, conciertos, etc. Con el tiempo he logrado hacerme una sana rutina musical”.

 

- ¿En qué se encuentra hoy?

- “Acabo de terminar de componer una fantasía porteña dedicada a Valparaíso, ciudad a la que considero la más interesante que hay en Chile. Obra para bandoneón y orquesta de cuerdas”.

 

¿Trabaja solo?

- “Sí, en mi departamento (en el doceavo piso del edificio Terranorte, ubicado en el camino que une Reñaca y Concón). Cuando tengo dudas me siento al piano (un impecable Baldwin Acrosonic) o tomo la flauta y clarifico lo que se me ocurre”.

 

¿Qué viene para el futuro?

- “Con 73 años a uno no le importa mucho el futuro. Yo me conformo con tener las energías y la claridad para seguir componiendo, aunque me preocupa colaborar también en el área de educación para el trabajo en la región con los liceos técnicos profesionales. Creo que ahora me retiro a mis cuarteles a escribir música, cosa que no le molesta a nadie y en el peor de los casos sólo no les puede gustar lo que produzca”.

 

- ¿Satisfecho?

- “Sí, no me puedo quejar. Ya gané un concurso de la Universidad de Chile de música de cámara y en la Pontificia Universidad Católica fui finalista en los años ‘94 y ‘95. También tengo tres discos y preparo un cuarto. Además, tengo buena salud, ya que hace poco el doctor me dijo que estoy como un lolo”.

 

Ameno, alegre, ingenioso, conversador. Así es este "bachicha", como se autodefine, fanático del Audax Italiano, pero "hincha del Wanderers y el Everton por adopción". Un espíritu inquieto, por sobre todo, que definitivamente fue hechizado por la música.

 

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