 Alberto Eggelings Potts, ex alumno UCV de la carrera de Ingeniería Química.Fotografía: gentileza de El Mercurio de Valparaíso |
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Podría ser la inspiración de cualquier escritor. Alberto Eggeling Potts (81) lo sabe. Él mismo reconoce que con sus mil y una historias podría escribir un libro, y ríe con gracia al recordar quién sabe cuál de sus tantos episodios: sus triunfos en atletismo, el último club deportivo que fundó, sus años de estudiante en la Universidad Católica de Valparaíso, o tal vez aquel viaje que hizo hasta Valdivia... a pie. Hoy disfruta con orgullo de su más reciente aventura, con la que corona toda una vida dedicada al atletismo. En julio del año pasado, Alberto Eggeling obtuvo medalla de oro en lanzamiento de disco en el Campeonato Mundial de Atletismo Senior disputado en Australia. Con este triunfo puso fin a sus competencias internacionales y, de paso, sumó un nuevo éxito mundial a la historia deportiva chilena. En Viña de Mar, su eterno hogar, este campeón mundial de estampa que acusa con fuerza su herencia sajona, se confiesa un hombre feliz y agradecido. Su carácter, marcado por la firmeza y rigidez de la crianza prusiana recibida de su abuelo, lo ha llevado a alcanzar cada una de las metas que se ha propuesto con decisión, disciplina y perseverancia. Campeón mundial, Ingeniero Químico y ex alumno UCV, una tarde nos encontramos con un pedacito de su historia. Alberto Eggeling nunca ha vivido lejos del mar. Nació en la República de Playa Ancha el año 1920, y un cuarto de siglo después se trasladó a la ciudad jardín, donde permanece hasta hoy. A los 5 años, luego de la muerte de su madre, Alberto y su hermana María Teresa (15 años mayor), se fueron a vivir con su abuelo Carlos Eggeling, quien impuso una estricta educación. Justamente en esa casa familiar, entre árboles y jardines, nació el interés deportivo de Alberto Eggeling. “En el Seminario San Rafael, donde me eduqué y estuve nueve años interno, me forjé totalmente como deportista. Partí en el fútbol, pero ya a fines de la secundaria me interesé por el atletismo. A los 16 años entré a la Universidad y ahí siempre participé en deporte. Incluso fundé el Club Deportivo Universidad Católica de Valparaíso. Fui su primer presidente en 1942, que fue exactamente el año en que egresé de Ingeniería Química. En ese tiempo organizamos tres o cuatro olimpiadas universitarias de atletismo. Fueron los primeros encuentros interuniversitarios de la historia... empecé a ganar representando a la UCV, y me fui entusiasmando. Cuando estaba en la Universidad, el año 1939, me inicié en las competencias nacionales e internacionales de atletismo. Mi época de oro fue entre el 40 y el 50, período en que me dedicaba a correr y al salto largo. En todos esos años gané 280 medallas. Hace unos meses las repartí todas entre mi Club deportivo, mis nietos y mis hijos. Sólo me quedé con las 20 principales”. ¿Cómo podía complementar el estudio con una practica deportiva de nivel competitivo? La Universidad me dio muchas facilidades. Incluso en esos años quebré en récord de Chile de salto largo, gané el sudamericano de salto largo en 1945, y un año antes participé en el Declatón. En esa época vivía en Playa Ancha. Me levantaba a las 6 de la mañana, iba al estadio, volvía a la casa, me bañaba, tomaba desayuno y a las 8 estaba en la Universidad. Y día por medio, según mi horario, me las acomodaba para ir, o a medio día o en la tarde, a entrenar por segunda vez. En total tenía diez prácticas semanales con mi propio sistema, porque nunca he tenido entrenador. Toda una vida de autodisciplina en el deporte. ¿Y en el resto de la vida? También. En esos años yo nunca tuve polola. Sólo estudio y deporte. ¿Cómo recuerda sus años como en la UCV? Muy cordial todo. El año que entré (1937) se abrieron las carreras de Ingeniería Química y Arquitectura. En ingeniería éramos 32, así que éramos como una familia de 32 personas. ¿Por qué Ingeniería Química? La verdad es que cuándo salí de sexto año de humanidades, a los 15 años, no tenía idea de la vida, no tenía idea de nada y, por supuesto, no sabía que iba a ser. Y en eso se abrió Ingeniería Química y Arquitectura en la Universidad Católica. Como no sabía dibujar, por descarte me metí a Ingeniería Química. ¿Y le gustó? Me encantó. Entré, conocí la carrera y le fui tomando el gusto. Me entusiasmé. Si tuviera que optar de nuevo la estudiaría de nuevo. Fui el séptimo titulado de la carrera. Hoy sólo quedamos cuatro de esa primera promoción. Salí de la Universidad y abandoné el atletismo... o el atletismo me abandonó a mi porque ya no era capaz. Tenía alrededor de 35 años, me casé y ya el cuerpo no me daba. Pero en realidad, Alberto Eggeling nunca dejó totalmente el deporte. Al poco tiempo de abandonar el atletismo, comenzó a jugar tenis. Lo hizo durante 16 años, llegando a la categoría de honor esta rama deportiva en el Club Sporting. Pero las verdaderas pasiones siempre vuelven, y cuando a mediados de los 80 Eggeling supo de la existencia del Club Senior de Atletismo en Valparaíso, no lo dudó un instante y... “ese mismo día, siendo categoría de honor y Presidente del Club de tenis, dejé todo y me volví al atletismo”. Y siguieron las victorias Sí. Desde el 85´, a los 65 años, hasta ahora tengo los récords sudamericanos de bala, disco y jabalina. Por eso me empeciné en ir al Mundial de Atletismo que este año se disputó en Australia, porque sabía que era la ocasión de mi vida y que tenía posibilidades de sacar una medalla. Fuimos 39 atletas de Chile. Entre todos obtuvimos seis medallas y tres fueron mías, dos de bronce y una de oro en lanzamiento de disco. Muchas veces, por problemas de financiamiento no he podido ir a muchos campeonatos, pero Australia era tan a la vista que tenía chance de obtener una medalla mundial, aunque no pensaba ganar... ¡Pero si es muy grande tener una medalla mundial! ¿Alguna vez lo imaginó? No, nunca. Aspiraciones sí tenía, pero imaginarlo jamás. Soy el campeón del mundo. ¿Qué se siente? Una satisfacción muy grande, es llegar a la cima que se ha forjado en la vida. Si usted se fija una meta determinada la escalona, la escalona, la escalona y llegando arriba empieza la tranquilidad. Por eso me retiro, ya no voy más a campeonatos mundiales. Es muy triste el ídolo de pies de barro, hay que retirarse con pies de acero. ¿Se siente afortunado? Me siento sobre-afortunado, y doy las gracias a Dios de corazón porque me considero sobre-privilegiado. ¿Cuál es la clave para tener tanto éxito? Hay que proponerse algo y no cejar hasta conseguirlo. Hay que tener insistencia, constancia. Uno puede tener 20 tropiezos pero no hay que parar hasta que se consigan las metas, y luego hay que ponerse y seguir metas nuevas y seguir escalonado. Ahora, no sé si afortunada o lamentablemente, ya llegué a la meta final en atletismo. ¿Qué falta por hacer? ¿Ahora? Ya nada, ahora el bote sigue sin remar... pero si hay un campeonato y me llaman, voy. |