PUCV y Fundación Patricio Aylwin realizan seminario sobre desafíos de la democracia

El encuentro contó con la participación de los destacados analistas Steven Levitsky de la Universidad de Harvard y Daniel Innerarity del Instituto de Gobernanza.

27.04.2021

La democracia está en crisis, no sólo en América Latina sino que en el mundo entero. Una muestra de ello es el crecimiento de los líderes populistas que llegan al poder y buscan terminar con el sistema imperante. Este fue uno de los aspectos que se abordó en el seminario titulado “Desafíos de la democracia en el mundo de hoy”, el que fue organizado por la PUCV en conjunto con la Fundación Patricio Aylwin.

Participaron de la instancia como expositores el académico y politólogo de la Universidad de Harvard, Steven Levitsky y el director del Instituto de Gobernanza Democrática, filósofo y ensayista español, Daniel Innerarity. La vicepresidenta de la Fundación Aylwin, Mariana Aylwin, fue la encargada de moderar el panel.

Al respecto, el rector de la PUCV, Claudio Elórtegui agregó que para nuestra Casa de Estudios es motivo de gran satisfacción organizar este seminario internacional del más alto nivel en conjunto con la Fundación Patricio Aylwin. El encuentro se realizó en el marco de la Cátedra Presidente Aylwin que la PUCV y la Fundación crearon para honrar la memoria y proyectar su legado, pensamiento y obra.

“Este evento adquiere especial simbolismo en circunstancias que hace pocos días se cumplieron cinco años de la partida de don Patricio. Cuando la democracia como sistema político vive momentos difíciles a nivel mundial, es oportuno e inspirador evocar la figura ejemplar de Patricio Aylwin que mantuvo durante su vida un compromiso inquebrantable y permanente con los principios y valores democráticos. Él creyó y practicó siempre el diálogo y la búsqueda de acuerdos como elementos esenciales de la práctica democrática que permiten acercar posiciones para avanzar en la solución de problemas que afectan a la sociedad”, indicó el rector.

ANÁLISIS SOBRE DEMOCRACIA E INSTITUCIONALIDAD

El analista Steven Levitsky recordó que gran parte del mundo está viviendo un momento de creciente populismo, lo que es particularmente sensible en América Latina. “El nivel de confianza en las instituciones democráticas en el continente estaba en el piso antes de la pandemia. Según diversas encuestas, entre ellos el LatinoBarómetro, el nivel de insatisfacción con la democracia viene aumentando desde 2018. El descontento público se vivió, por ejemplo, en protestas masivas en Chile, Colombia, Ecuador y en el éxito de candidatos antisistemas en Brasil, El Salvador, México y Perú”, recordó.

El académico norteamericano planteó que gran parte de la sociedad de muchos países latinoamericanos quiere que se vayan todas las autoridades, lo que representa un germen para el surgimiento de movimientos populistas.

“El peligro para la democracia es que surgen los outsiders populistas en ese contexto, asaltando las instituciones democráticas como Alberto Fujimori, Hugo Chávez, Rafael Correa y Evo Morales (…) En América Latina, la demanda populista tiene dos causas principales: la desigualdad social. Una gran parte del electorado apoya a un outsider, que puede ser un desconocido, que promete tumbar toda la élite. Hay una gran brecha entre las élites y el ciudadano común. En efecto, las brechas siguen siendo enormes en casi toda América Latina. Los populistas le dicen a la gente que las élites no las representan. Además, está la debilidad del Estado. Para entender la rabia que siente una parte del electorado tenemos que fijarnos en el Estado, que es incapaz de cobrar impuestos, construir hospitales y escuelas, implementar políticas sociales y mantener la seguridad pública”, advirtió.

Un Estado débil no puede gobernar bien, agregó Levitsky. Cuando no puede cobrar impuestos, que se cumplan las reglas, cuando no dan seguridad, no podrán controlar la violencia. En vez de sentirse protegidos, los ciudadanos se ven abandonados y maltratados. “Esta es la principal causa del populismo. Los que tienen recursos pueden vivir con un Estado débil, pueden pagar por la educación o la salud. Cuando los ciudadanos se sienten maltratados por el Estado y esa percepción de injusticia continúa, las personas empiezan a ver a los partidos políticos como corruptos y que nadie los representa”, indicó.     

Por su parte, el académico Daniel Innerarity recordó el asalto al Capitolio en Estados Unidos como un momento simbólico para mostrar lo frágil que es la democracia en este contexto actual. “Entre 100 y 200 hombres fueron capaces de entrar al santuario de la vida democrática, que es la Casa de los Representantes. La democracia es una construcción política que experimenta avances y retrocesos. Es mortal, no tiene asegurada su inmortalidad. Se mantiene en pie en una cultura política que puede debilitarse, requiere protección y cultura cívica”, añadió.

Innerarity planteó que las democracias pueden empeorar, pero no se refleja únicamente con un golpe de Estado. Van empeorando de una manera más sutil e inquietante. Esto es particularmente sensible en Chile que vive un periodo de reformas constitucionales.

“Las amenazas a la convivencia democrática no son esos quiebres brutales, como los que vivió Chile en los 70, si no que otras formas más inéditas de degradación y más peligrosas, pues son menos advertidas (…) No estamos ante una oleada de pre-fascismo. Nuestras sociedades son más desarrolladas, más interdependientes como para admitir una entrada en el fascismo como ocurrió en otros países de Europa en la década del 30. Más que complots contra la democracia, hay una debilidad política y falta de confianza entre los electores y los elegidos, oportunismo de los actores políticos, desplazamiento de los centros de decisión hacia lugares no controlables democráticamente”, añadió.

Vivimos en un mundo donde hay un combate más banal por atraer la atención. “Los personajes que amenazan nuestra vida democrática no son tanto los golpistas como los oportunistas. Su habilidad es lograr el máximo de atención y a través de eso hacerse con el poder. La debilidad de la democracia se debe más a la cultura política dominante que a la amenaza que representan los sujetos particulares”, complementó.

¿Cómo salimos de esto? El investigador planteó que la fortaleza de la democracia aumentará a medida que construyamos instituciones que no estén condicionadas demasiado por quienes las dirigen. Es decir, la democracia es resistente mientras no dependa demasiado de quienes ocupen el poder y que el sistema institucional limite a los gobernantes.

“Obama fue el Presidente de las promesas, pero el entramado institucional no permitió realizarlas todas, pero ese entramado fue el que afortunadamente limitó la frivolidad del Presidente Trump (…) Se gana más mejorando las instituciones que mejorando las personas que las dirigen. No deberíamos esperar tanto de las virtudes de quienes están al mando. Hay que preguntarse si las instituciones están correctamente diseñadas”, concluyó.

El seminario puede verse en el siguiente link de You Tube. 

Por Juan Paulo Roldán

Dirección General de Vinculación con el Medio