Opinión: Verde Esperanza

Por David Carrillo Contreras, Profesor Emérito PUCV

03.05.2022

Durante mi vida he escuchado decir muchas veces que la esperanza es lo último que se pierde en una empresa humana que entra en crisis, independiente de la complejidad de los factores que la aquejan. Pero en este último tiempo de mi vida he escuchado decir, también, con firmeza, que la esperanza nunca se pierde y que, por tanto, es necesario luchar hasta el último instante y no claudicar. Este estado de ánimo optimista me mueve a escribir estas líneas respecto a la superación de la crisis que afecta a nuestro planeta.  

El mundo entero se encuentra expectante y ansioso por saber cómo los líderes mundiales acordarán las estrategias que se adoptarán para cumplir las metas que ya se han esbozado en la COP26 que permitirán superar la crisis.

La complejidad de los problemas que hoy sufre el planeta y sus habitantes obliga a mantener la esperanza en que la humanidad será capaz de resolver con generosidad cada uno de los desafíos que serán necesarios enfrentar y resolver. Tales esperanzas surgen con fuerza al constatar cómo nuestro país ya ha sabido enfrentar con seriedad la pandemia, uno de los problemas cuya magnitud y gravedad eran desconocidas hasta ahora en el mundo.  La esperanza en que problemas de esta naturaleza se resolverán mirando el bien común de sus habitantes se apoya, en nuestro caso, en las experiencias adquiridas recientemente. La esperanza se ha vestido de verde y hoy el planeta, que es nuestro hogar, comienza a verdecer.

Chile comienza a dar señales sobre los cambios que necesariamente deberán ocurrir en las principales empresas productivas del país las cuales deberán cambiar gradualmente sus tecnologías por otras más amigables que no dejen huellas de carbono. Esto supone enfrentar un enorme desafío tanto económico como tecnológico.

El Hidrógeno, que se obtiene a partir de hidrocarburos fósiles mediante el proceso de reformación catalítica dejará de producirse, dando paso a la producción de Hidrógeno Verde; el Hidrógeno Verde sustituirá al carbono y al gas natural en las plantas termo-eléctricas; el Cobre Verde será obtenido mediante procesos Hidro-metalúrgicos, una tecnología que sustituirá a la Piro-metalurgia que contamina gravemente al medio ambiente y a sus comunidades; el Acero Verde ya no será obtenido en altos hornos productores de CO2 salvo que se opte por su captura y reconversión en carbonato de calcio, o bien opten por el reciclaje del acero ya usado; la producción de Cemento Verde podrá continuar si el CO2 que se libera es también reconvertido en carbonato de calcio; el Amoniaco Verde será sintetizado mediante Dinitrógeno extraído de la atmósfera e Hidrógeno Verde.

La Minería requerirá de camiones fuera de carretera dotados de sistemas de electro-movilidad propulsados por energía solar fotovoltaica. En fin, Chile cambiará gradualmente su rostro hasta volver a ser un “campo bordado de flores, copia feliz del edén”. Esta es la Verde Esperanza que deberá animar a quienes gobiernen nuestro país en los tiempos venideros. Pero la responsabilidad de que ello se logre recaerá, también, en los gobernados. La educación será la gran aliada en esta titánica empresa que marcará un punto de inflexión en el desarrollo socio-económico de nuestro país.

Urge que nuestros estudiantes de educación básica, media y, especialmente, de la educación superior, incorporen a su lenguaje conceptos tales como cambio climático, efecto invernadero, huella de carbono, descarbonización, energías renovables, carbono neutralidad, contaminación, resiliencia, ecosistema, economía circular, sostenibilidad ambiental, innovación, etc. Asimismo, corresponderá a los centros de formación técnica y universidades incorporar a nivel curricular todos los aspectos pertinentes que conduzcan a una verdadera “cultura verde”. Se espera que esta actitud optimista surja en todo el planeta y que sus gobernantes se incorporen mancomunadamente más temprano que tarde a la tarea que no puede seguir esperando.

Dirección General de Vinculación con el Medio