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Carlos Blanco deja la Cineteca PUCV tras más de 35 años como operador técnico

Jueves 29 de enero de 2026

Durante más de tres décadas, el funcionario de la Dirección de Vinculación Artística Cultural, Carlos Blanco, ha sido parte esencial de la historia de la Cineteca de la Universidad, un espacio donde no sólo se ha encargado de mostrar películas, sino que también ha sido testigo de las transformaciones que ha enfrentado el país y el mundo. Su trayectoria está íntimamente ligada a la evolución del cine universitario y al fortalecimiento de un espacio abierto, plural y formativo.

La historia de la Cineteca se remonta a un período complejo. Tras el golpe de Estado, un fondo de alrededor de 400 títulos académicos y una decena de películas pertenecientes a la Cineteca Nacional, entre ellas “El húsar de la muerte” quedó sin institución responsable. Bajo la gestión del profesor del Instituto de Historia, Raúl Buono-Core, la Universidad decidió asumir la custodia de este valioso material, junto con las máquinas de proyección, dando origen a la Cineteca universitaria.

Carlos Blanco ingresó a la Universidad en octubre de 1990, luego de quedar sin trabajo tras el cierre de la empresa Empremar. Fue el profesor Arturo Zavala, quien le dio la posibilidad de incorporarse a la Católica de Valparaíso.

Su llegada fue marcada por la urgencia: Waldo Marín, el único funcionario que sabía operar las máquinas de proyección, debía dejar el cargo. “Tuve que aprender en menos de 48 horas el manejo de las máquinas de 35 y 16 mm para proyectar películas”, relató. En ese entonces, la Cineteca estaba bajo la dirección de Poldy Valenzuela.

De bodega a sala patrimonial

La Cineteca ha tenido varias sedes a lo largo de su historia. Primero funcionó en la Facultad de Ingeniería, luego se trasladó a Avenida Argentina y en 1990, llegó a su actual ubicación: la Sala Obra Gruesa en el edificio Gimpert, un espacio que anteriormente era una bodega donde se realizaban peñas folclóricas y actividades culturales.

Paralelamente, Blanco fue testigo directo de la revolución tecnológica. Desde el audio monofónico y los televisores de tres tubos con espejo, pasando por Betamax y VHS, hasta DVD, Blu-ray y las plataformas de streaming. “Muchos quedamos enamorados del cine antiguo, por el sonido de la máquina, por la proyección. Es un amor especial”, señaló.

Su vínculo con el cine viene desde muy joven, impulsado por la lectura y la curiosidad. Además, fortaleció su formación con un estudio de fotografía cinematográfica dictado por Héctor Ríos, reconocido fotógrafo de El Chacal de Nahueltoro, donde aprendió a filmar y cargar cámaras de 16 mm.

Un espacio de encuentro

Más allá de la exhibición de películas, la Cineteca se ha consolidado como un espacio de cultural integral. “No solo vimos cine, también tuvimos seminarios, presentaciones de libros, obras de teatro, danza. Es un aprendizaje diario”, comentó Blanco.

La programación se ha caracterizado por su diversidad, incluyendo cine europeo, asiático, danés, escocés, alemán, cine mudo con pianista en vivo, además de muestras de realizadores emergentes. “Nunca ha habido censura. Siempre hemos estado abiertos a todo tipo de tendencias”, enfatizó.

Por la sala han pasado destacados cineastas como Raúl Ruiz y Silvio Caiozzi, además de actividades internacionales, como videoconferencias con Julian Assange. También fue escenario de reuniones estudiantiles y políticas donde participaron jóvenes que posteriormente se convertirían en figuras públicas, como Camila Vallejo, Gabriel Boric y Jorge Sharp.

Para Carlos Blanco, la Universidad representa un espacio de respeto y estabilidad. Como miembro activo del Sindicato N°1 —donde fue parte del consejo y presidente de la comisión de ética y disciplina— destaca la fortaleza de la organización sindical y los beneficios colectivos, entre ellos la gratuidad en estudios para hijos de funcionarios. Gracias a ello, su hijo pudo estudiar Prevención de Riesgos en el Centro de Formación Técnica. “Trabajar en una universidad estable como la PUCV te da tranquilidad. Te permite proyección, pensar en tu futuro, dormir tranquilo”, reflexionó.

Tras 35 años de trayectoria en la Universidad, Blanco define su experiencia como única. “He sido testigo de cambios sociales, económicos y tecnológicos. Mi trabajo me permitió ser protagonista y testimonio de esos procesos”.

Su historia se entrelaza con la de la Cineteca: un espacio que gracias a su dedicación silenciosa, continúa preservando memoria, formando audiencias y manteniendo vivo el amor por el cine dentro de la Universidad.

Por Juan Paulo Roldán

Dirección de Comunicación Estratégica

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