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Gran Canciller llama a poner la IA al servicio de la persona en eucarístía por Sagrado Corazón de Jesús

Lunes 15 de junio de 2026

En tiempos en que la Inteligencia Artificial avanza a gran velocidad, la pregunta sobre qué significa ser verdaderamente humanos volvió a instalarse en el centro de la reflexión. Fue precisamente ese el eje de la homilía pronunciada por el Obispo de Valparaíso y Gran Canciller de nuestra casa de estudios, Monseñor Jorge Vega, durante la celebración del Sagrado Corazón de Jesús, patrono de la Institución.

La eucaristía, realizada en Casa Central y que reunió a autoridades, académicos, estudiantes y personal de apoyo a la academia, fue una invitación a mirar el futuro sin perder de vista a lo que da sentido al quehacer universitario: la persona. En ese contexto, el Gran Canciller vinculó la identidad de la PUCV con los desafíos éticos que plantea el desarrollo tecnológico, especialmente en un escenario marcado por la creciente presencia de herramientas basadas en inteligencia artificial.

Tomando como referencia la encíclica “Magníficas Humanitas”, monseñor Vega planteó que el desafío de nuestro tiempo no consiste en rechazar la tecnología, sino en evitar que ésta termine ocupando espacios que pertenecen exclusivamente a la conciencia, la libertad y el amor. En esa línea, advirtió sobre el riesgo de delegar en las máquinas decisiones que requieren discernimiento humano y sentido ético.

“En la era de la inteligencia artificial, tenemos el deber urgente de permanecer profundamente humanos, custodiando con amor esa magnífica humanidad que se nos ha dado y revelada en plenitud en Cristo, y que ninguna máquina podrá jamás sustituir en su esplendor”, expresó.

La reflexión cobró especial significado en una universidad donde la innovación, la investigación y el desarrollo tecnológico forman parte de la vida cotidiana. Para el Gran Canciller, el desafío no pasa solo por generar conocimiento o desarrollar nuevas herramientas, sino por preguntarse permanentemente para qué y al servicio de quién se utilizan.

Durante su homilía también evocó los orígenes de la Universidad y el espíritu que inspiró a sus fundadores, quienes “elevaron su petición a Dios antes de trazar cualquier plano o determinar cualquier plazo”, recordó, destacando que el nacimiento de la PUCV estuvo marcado por una convicción profunda: entender la educación como una expresión concreta de amor y servicio a la sociedad.

La celebración del Sagrado Corazón de Jesús permitió así renovar una convicción que ha acompañado a la Universidad desde su fundación: que el conocimiento adquiere su verdadero valor cuando contribuye a mejorar la vida de las personas. En un contexto marcado por los avances de la inteligencia artificial, el mensaje del Gran Canciller fue claro: el futuro no depende únicamente de la capacidad de las máquinas, sino de la capacidad humana para poner la tecnología al servicio de la dignidad, la verdad y el bien común. “Que sigamos siendo una Pontificia Universidad Católica, una casa de saber al servicio de la vida, de la verdad y del amor”, concluyó.

Por Juan Pablo Guerra

Dirección de Comunicación Estratégica

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