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Evaluación de los Ecosistemas del Milenio

La Organización de las Naciones Unidas, en marzo de 2005, emitió un Informe que lleva por título Evaluación de los Ecosistemas del Milenio. Dicho informe, dirigido, preferentemente, a quienes están encargados de tomar decisiones, presenta un diagnóstico del estado del Planeta Tierra y sus ecosistemas y entrega respuestas a acciones necesarias a seguir para mejorar la conservación y el uso sostenible de éstos.

Pedro Boccardo R., PUCV - ICR

 

En la presentación de la evaluación, se señala que la estructura y el funcionamiento de los ecosistemas del Planeta han cambiado en la segunda mitad del siglo XX más rápida y extensamente que en ningún otro período de tiempo comparable de la historia humana, en gran parte para resolver rápidamente las demandas crecientes de alimento, agua dulce, madera, fibra y combustible. Esto ha generado una pérdida considerable y en gran medida irreversible de la diversidad de la vida sobre la Tierra.

 

Estos cambios realizados a los ecosistemas han contribuido a obtener considerables beneficios para el bienestar humano, pero estos beneficios se han obtenido con crecientes costos consistentes en la degradación de muchos servicios de los ecosistemas, un mayor riesgo de cambios no lineales, y la acentuación de la pobreza de algunos grupos de personas.

 

Acerca de la degradación, el Informe señala, entre sus muchos puntos, que aproximadamente el 60% de los servicios de los ecosistemas analizados en esta evaluación están siendo degradados o se están usando de manera insostenible. Estos servicios degradados incluyen la pesca de captura, el suministro de agua, el tratamiento de desechos y la eliminación de la toxicidad, la purificación del agua, la protección contra los riesgos naturales, la regulación de la calidad del aire, la regulación regional y local del clima, la regulación de la erosión, la satisfacción espiritual y el placer estético.

 

Con respecto a los cambios no lineales, el Informe reconoce que existe evidencia probada pero insuficiente con respecto a éstos, pero es un hecho que se están produciendo con importantes consecuencias para el bienestar humano. Por lo general, los cambios en los ecosistemas de dan de forma gradual. Sin embargo, algunos cambios son no lineales: una vez traspasado un umbral, el sistema pasa a un estado muy diferente. Y estos cambios no lineales son a veces bruscos, pueden también ser de gran magnitud y difíciles, caros o imposible de revertir. Las capacidades de predecir algunos cambios no lineales están mejorando, pero en el caso de la mayoría de los ecosistemas y de la mayoría de los cambios no lineales potenciales, si bien la ciencia puede con frecuencia prevenir sobre el creciente riesgo de cambio, no puede predecir los umbrales en los que se producirá.

 

Respecto a estos cambios, se mencionan, la aparición de enfermedades, eutrofización e hypoxia, colapso de las pesquerías, introducciones y pérdidas de especies, cambio climático regional.

 

Por último, el Informe señala en su diagnóstico, que a pesar del progreso conseguido en el aumento de la producción y el uso de algunos servicios de los ecosistemas, los niveles de pobreza siguen siendo altos, las desigualdades crecen y muchas personas todavía no tienen suficientes suministros o acceso a los servicios de los ecosistemas.

 

Algunas cifras resultan deplorables al respecto: en el 2001, más de 1.000 millones de personas sobrevivieron con ingresos de menos de 1 dólar diario. Durante la década del 90, 21 países experimentaron descensos en el Indice de Desarrollo Humano. Entre los años 2000 – 2002 se estima que 852 millones de personas se encontraban subalimentadas, es decir, se agregaron 37 millones de personas más que en los años 1997 – 1999. Cerca de 1000 millones de personas no poseen acceso al agua potable y más de 2600 millones de personas no tienen acceso a servicios de salubridad. Entre 1000 a 2000 millones de personas sufren la escasez del agua.

 

Por otro lado, la degradación de los ecosistemas está afectando a muchas personas más pobres y es, a veces, la principal causa de la pobreza. Así entre otros datos, aproximadamente 1,7 millones de personas mueren al año por falta de escasez de agua e higiene y, la mitad de la población pobre que habita en las urbes, ve afectada su salud por dicha escasez. La desertificación, por su parte, afecta a los medios de sobrevivencia de millones de personas: los sistemas de tierras secas abarcan un 41% de la superficie terrestre y en ellas habitan más de 2000 millones de personas, de las cuales más del 90% viven en países en desarrollo.

 

Frente a este escenario, el Informe, entre una de sus conclusiones, plantea que el reto de revertir la degradación de los ecosistemas y a la vez satisfacer las demandas de sus servicios puede ser parcialmente resuelto en algunos escenarios considerados por la Evaluación, pero ello requiere que se introduzcan cambios significativos en las políticas instituciones y prácticas, cambios que actualmente no están en marcha ...

 

El Informe señala que no existe una solución simple a esta grave amenaza global, pues interactúan muchos factores entre los cuales se reconocen la pérdida de la biodiversidad, el cambio climático, la degradación de los suelos, siendo cada uno de ellos de difícil gestión.

 

Se reconoce que en el pasado próximo se han emprendido acciones para revertir la degradación de los ecosistemas, portando beneficios no menores, pero estas acciones se desequilibran ante la velocidad de las demandas. Sin embargo, lo anterior no significa que hoy no existan esperanzas. Al respecto, se afirma que existe un enorme espacio para la acción, a partir de y añadiendo más a las instituciones, políticas e iniciativas ya existentes, que contribuirían a disminuir la severidad de esos problemas en las próximas décadas... Pero los cambios que se requieren son substanciales y en la actualidad no se los está haciendo.

 

En la segunda parte del Informe, se desarrollan un conjunto efectivo de respuestas que aseguren una gestión sostenible de los ecosistemas. La Evaluación examinó 78 opciones de respuestas para los servicios de los ecosistemas, la gestión integral de los ecosistemas, la conservación y utilización sostenible de la biodiversidad y el cambio climático. Dichas respuestas se pueden agrupar en: cambios sustanciales en las instituciones y gobiernos, en las políticas económicas e incentivos, en los factores sociales y de comportamiento, y en la tecnología y los conocimientos.

 

Ejemplos ilustrativos de acciones a seguir son: la integración de los objetivos de gestión de los ecosistemas en sectores tal como el forestal, la agricultura, finanzas, comercio y salud; el aumento de la transparencia y la rendición de cuentas de los gobiernos y de la actuación del sector privado en la gestión de los ecosistemas; la eliminación de subsidios perversos; el aumento de la utilización de los instrumentos económicos y los enfoques basados en el mercado; el fortalecimiento de los grupos que dependen de los servicios de los ecosistemas o a los que afecta su degradación; la promoción de tecnologías que permitan aumentar el rendimiento de las cosechas sin tener consecuencias perjudiciales en el medio ambiente; la restauración de los ecosistemas y la incorporación de valores de los ecosistemas y de sus servicios no basados en el mercado en las decisiones de gestión...

 

El Informe de síntesis de la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio es el primero de una serie de siete informes de síntesis y resúmenes y cuatro volúmenes técnicos que evalúan el estado de los ecosistemas del mundo y su repercusión sobre el bienestar humano.

 

La Evaluación llevó cuatro años de trabajo y se diseñó como una acción conjunta entre organismos de la ONU, organizaciones científicas internacionales y organismos de desarrollo, con contribuciones del sector privado y de grupos de la sociedad civil.El Programa de las Naciones para el Medio Ambiente (PNUMA) coordina la Secretaría de la Evaluación.

 

Los gobiernos consideran a la Evaluación como un mecanismo que satisface en parte las necesidades de evaluación de cuatro convenios internacionales sobre el medio ambiente: el Convenio sobre la Diversidad Biológica, la Convención de Ramsar sobre los Humedales, la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, y la Convención sobre Especies Migratorias.

 

El trabajo ha sido respaldado por 22 de las instituciones científicas más importantes del mundo. El trabajo de la Evaluación es supervisado por un Consejo Directivo de 45 miembros co-presidido por el Dr. Robert Watson, Científico Principal del Banco Mundial, y el Dr. A. H. Zakri, Director del Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de las Naciones Unidas.

 

El Panel de Evaluación, que supervisa el trabajo técnico, incluye a 13 científicos de renombre en el campo de las ciencias sociales y naturales, y está co-presidido por Angela Cropper, de la Fundación Cropper, y el Dr. Harold Mooney, de la Universidad de Stanford. El Director de la Evaluación es el Dr. Walter Reid.

 
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